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Anónimo - Romancero (Selección).pdf 

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MUERE DON SANCHO SOBRE ZAMORA Á MANOS DEL TRAIDOR BELLIDO DOLFOS (Anónimo). * You Tube 

Abenámar  (anónimo) You Tube

  CONDE ARNALDOS (anónimo) You Tube

Guarte, guarte, rey Don Sancho,
No digas que no te aviso
Que de dentro de Zamora
Un alevoso ha salido:
Llámase Bellido D'Olfos,
Hijo de Dolfos Bellido,
Cuatro traiciones ha fecho,
Y con esta serán cinco.
Si gran traidor fué el padre,
Mayor traidor es el fijo.
Gritos dan en el real,
Que á Don Sancho han mal herido:
Muerto le ha Bellido D'Olfos,
Gran traicion ha cometido.
Desque le tuviera muerto,
Metióse por un postigo,
Por las calles de Zamora
Va dando voces y gritos:
- Tiempo era, Doña Urraca, *
De cumplir lo prometido.


La doncella guerrera

Pregonadas son las guerras
De Francia con Aragón.
¡Cómo las haré yo, triste,
viejo y cano pecador!
No reventarás, Condesa,
Por medio del corazón;
Que me diste siete hijas
Y entre ellas ningún varón!
Allí habló la más chiquita
En razones la mayor,
Estas palabras diciendo,
Estas palabras habló:
- No maldigáis a mi madre,
Que a la guerra me iré yo:
Me daréis las vuestras armas
Vuestro caballo trotón.
- Tienes las manos muy blancas,
Hija, no son de varón.
- Yo les quitaré los guantes
Para que las queme el sol.
- Conocérante en los ojos,
Que otros más lindos no son.
- Yo los revolveré, padre.
Como si fuera un traidor.
Al despedirse de todos
Se te olvida lo mejor.
- ¿Cómo me he de llamar, padre?
- Don Martín el de Aragón
- Y para entrar en las Cortes,
Padre, ¿cómo diré yo?
- Bésoos la mano, buen rey,
Las Cortes, las guarde Dios.
Dos años anduvo en guerra
Y nadie la conoció,
Si no fue el hijo del Rey,
Que en sus ojos se prendó.
- Herido vengo, mi madre,
De amores me muero yo;
Los ojos de Don Martín,
Son de mujer, de hombre, no.
- Convídalo tú, mi hijo,
A las tiendas a feriar;
Si Don Martín es mujer
Las galas ha de mirar.
Don Martín muy avisado
Mirando las armas va.
- ¡Qué rico puñal es éste
Para con moros pelear!
- Herido vengo, mi madre,
Amores me han de matar;
Los ojos de Don Martín,
Roban el alma al mirar.
- Lleváraslo tú, hijo mío,
A la huerta a solazar
.
Si Don Martín es mujer,
A los almendros irá.
Don Martín como discreto
Ni una flor ha de mirar.
- ¡Oh, qué varita de fresno
Para el caballo arrear!
Don Martín deja las flores
Una vara va a cortar.
- Herido vengo, mi madre,
Amores me han de matar,
Los ojos de Don Martín
Nunca los puedo olvidar.
- Convídalo tú, mi hijo,
A los baños a nadar.
Todos van a desnudarse,
Don Martín muy triste está.
- Cartas me fueron venidas,
Cartas de grande pesar,
Que se halla el Conde, mi padre,
Enfermo para finar.
Licencia te pido al Rey,
Para irle a visitar.
- Don Martín, esa licencia
No te la quiero estorbar.
Ensilla un caballo blanco,
De un salto en él va a montar.
Por unas vegas arriba
Corre como un gavilán.
- ¡Adiós, adiós, el buen Rey,
Y tu palacio Real;
Que dos años te sirvió
Una doncella leal!
Óyela el hijo del Rey,
Tras ella va a cabalgar.
- ¡Corre, corre, hijo del Rey,
Que no me habrás de alcanzar
Hasta en casa de mi padre,
Si quieres irme a buscar!
"Campanitas de mi iglesia,
Ya os oigo repicar;
Puentecito, puentecito,
Del río de mi lugar,
Una vez te pasé virgen,
Virgen te vuelvo a pasar.
Abra las puertas mi madre,
Ábralas de par en par.
Madre, sáqueme la rueca,
Que traigo ganar de hilar,
Que las armar, y el caballo
Bien lo supe manejar."
Tras ella el hijo del Rey
A las puertas fue a llamar.
Con alegría y contento
Su amor declarando está
Y en casa de aquel buen Conde
Las bodas celebrará.

  - ¡Abenámar, Abenámar,
Moro de la Morería,
El dia que tú naciste
Grandes señales habia!
Estaba la mar en calma,
La luna estaba crecida:
Moro que en tal signo nace
No debe decir mentira.
Allí respondió el moro,
Bien oiréis lo que decia:
- No te la diré, señor,
Aunque me cueste la vida.
Porque soy hijo de un moro
Y una cristiana cautiva;
Siendo yo niño y muchacho
Mi madre me lo decia,
Que mentira no dijese,
Que era grande villanía:
Por tanto pregunta, Rey,
Que la verdad te diria.
- Yo te agradezco,Abenámar,
Aquesa tu cortesía:
¿Qué castillos son aquellos?
¡Altos son, y relucian!
- El Alhambra era, señor,
Y la otra la Mezquita;
Los otros los Alixares,
Labrados á maravilla.
El moro que los labraba
Cien doblas ganaba al dia,
Y el dia que no los labra
Otras tantas se perdia.
El otro es Generalife,
Huerta que par no tenia;
El otro Torres-Bermejas,
Castillo de gran valía.
Allí habló el rey Don Juan,
Bien oiréis lo que decia:
- Si tú quisieses, Granada,
Contigo me casaria;
Daréte en arras y dote
A Córdoba y á Sevilla.
- Casada soy, que no viuda;
El moro que á mí me tiene
Muy grande bien me queria.
(Perez de Hita, Historia de los bandos de Cegríes, etc.)

ARIAS GONZALO DESMIENTE
LAS ACUSACIONES DE ORDOÑEZ,
Y ACEPTA EL RETO HACIENDO
JURAR Á LOS ZAMORANOS QUE NO
TUVIERON PARTE EN LA MUERTE DE
DON SANCHO

(Anónimo). *

Arias Gonzalo responde
Diciendo que han mal hablado:
Mandan asinar * varones
Que juzguen en este caso.
Doce salen de Zamora,
Y otros doce van del campo.
Arias Gonzalo se armaba,
Para combatir el pacto:
Consigo lleva cuatro hijos
Que en el mundo Dios le ha dado:
A todos los de Zamora
D'esta manera ha hablado
- Varones de gran estima,
Los pequeños y de estado,
Si hay alguno entre vosotros,
Que en la muerte de Don Sancho,
Y en la traicion de Bellido,
Pueda encontrarse culpado,
Dígalo muy prestamente;
De decillo no haya empacho,
Que mas quiero irme en destierro,
Y en Africa desterrado,
Que no en campo ser vencido
Por alevoso y malvado.
Todos dicen prestamente
Sin alguno estar callado:
- Mal fuego nos queme, Conde,
Si en tal muerte hemos estado:
No hay en Zamora ninguno
Que tal hubiese mandado.
El traidor Bellido D'Olfos
Por sí solo lo ha acordado:
Muy bien podeis ir seguro;
Id con Dios, Arias Gonzalo.


AL MISMO ASUNTO
(Anónimo).


Ya cabalga Diego Ordoñez,
Del real se habia salido
De dobles piezas armado
En un caballo morcillo:
Va á reptar los zamoranos
Por la muerte de su primo,
Que mató Bellido D'Olfos,
Hijo de D'Olfos Bellido.
- Yo os repto, los zamoranos,
Por traidores fementidos,
Repto á todos los muertos,
Y con ellos á los vivos;
Repto hombres y mujeres,
Los por nascer y nascidos;
Repto á todos los grandes,
A los grandes y á los chicos,
A las carnes y pescados,
Y á las aguas de los rios.
Allí habló Arias Gonzalo,
Bien oiréis lo que hubo dicho:
- ¿Qué culpa tienen los viejos?
¿Que culpa tienen los niños?
¿Qué merecen las mujeres,
Y los que no son nascidos?
¿Por qué reptas á los muertos,
Los ganados y los rios?
Bien sabeis vos, Diego Ordoñez,
Muy bien lo teneis sabido,
Que aquel que repta concejo
Debe de lidiar con cinco.
Ordoñez le respondió:
- Traidores heis todos sido.

Ya se van los quintos madre You Tube
Ya se va mi corazón
Ya no tengo quien me tire
Chinitas a mi balcón...
Ya no va la niña por agua a la fuente
ya no va la niña ya no se divierte...
  ¡Quién hubiese tal ventura
Sobre las aguas del mar
Como hubo el conde Arnaldos
La mañana de San Juan!
Con un falcon en la mano
La caza iba á cazar,
Y venir vió una galera
Que á tierra quiere llegar.
Las velas traía de seda,
La jarcia de un cendal,
Marinero que la manda
Diciendo viene un cantar
Que la mar ponia en calma,
Los vientos hace amainar,
Los peces que andan al hondo
Arriba los hace andar,
Las aves que andan volando
Las hace á el mástil posar
- Galera, la mi galera,
Dios te me guarde de mal,
De los peligros del mundo
Sobre aguas de la mar,
De los llanos de Almería,
Del estrecho de Gibraltar,
Y del golfo de Venecia,
Y de los bancos de Flandes
Y del golfo de Leon,
Donde suelen peligrar.
Allí habló el conde Arnaldos,
Bien oiréis lo que dirá:
- Por Dios te ruego, marinero,
Dígaisme ora ese cantar.
Respondióle el marinero,
Tal respuesta le fué á dar:
- Yo no digo esta cancion
Sino a quien conmigo va.

(Cancionero de Romances).

DIEGO ORDOÑEZ PARTE
Á ZAMORA PARA HACER EL RETO.

(Anónimo). *

Despues que Bellido D'Olfos
Aquel traidor afamado,
Derribó con cruda muerte
Al valiente rey Don Sancho,
Se allegan en una tienda
Los mayores de su campo.
Júntase todo el real
Como estaba alborotado
De ver el venablo agudo
Que á su Rey ha traspasado.
No se lo quieren sacar
Hasta que haya confesado;
Y ese conde Don García
Que de Cabra era llamado,
Viendo de tal modo al Rey
D'esta manera le ha hablado,
- ¡Oh rey, en quien yo tenia
La esperanza de mi Estado!
Véote tan mal herido
Que remedio no he hallado
Sino solo encomendarte
A lo que eres obligado.
Toma cuenta á tu conciencia,
Y mira en lo que has errado
Contra aquel alto Señor,
Que te puso en tal estado.
Al cuerpo no busques cura,
Porque su tiempo es pasado;
Ya son tus dias cumplidos,
Ya tu plazo es allegado,
Paga lo que te obligaste
Cuando fuiste baptizado.
La muerte, sierva y señora,
No te da mas largo plazo,
No consiente apelacion
Sino que pagues de grado:
Cumple curar de tu alma,
Del cuerpo no hayas cuidado
Respondió en aquesto el Rey,
Todo en lágrimas bañado;
Temblando tiene la lengua,
Y el gesto tiene mudado:
- Bien andante seades, Conde,
Y en armas aventurado,
En todo hablastes muy bien,
Buen consejo me habeis dado:
Yo bien sé cuál es la causa,
Que en tal punto soy llegado
Por pecados cometidos
Al inmenso Dios sagrado,
Y tambien fué por la jura
Que á mi padre hube quebrado
En cercar esta ciudad,
Que á mi hermana hobo dejado.
A Dios encomiendo el alma;
Pues que estoy en tal estado
Traedme los sacramentos
Porque esto á muerte llegado.
Ansí se salió el alma,
Y el cuerpo se le ha enfriado.
Sus vasallos en aquesto
A Zamora han enviado
A aquese Don Diego Ordoñez,
Un caballero estimado,
A decir á los vecinos
Como á su Rey ha matado
El falso Bellido D'Olfos
Vasallo del rey Don Sancho,
Por lo cual desafiaba
Al traidor de Arias Gonzalo,
Y á los zamoranos todos,
Pues en ella se han hallado,
Y á los panes. y á las aguas,
Y á lo que no está criado,
Y aun á todos los nacidos
Que en Zamora son hallados,
Y á los grandes y pequeños
Aunque no sean engendrados.

 
 
 

        

 

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